Cultura del alcohol

En mi casa (y con “mi casa” me refiero en este caso a la casa parental, a la casa donde viví mis primeros veintitantos años de vida) prácticamente no se consumía alcohol. Cuando más, llegábamos a brindar con sidra en año nuevo. A veces, cuando mis papás tenían visitas, se llegaban a tomar una copa: mi mamá prefería el cognac, mi papá prácticamente nada, aunque a veces si llegaba a tomar un “high-ball” (jaibol) de whiskey con agua mineral. En esas situaciones, a los niños nos daban una copita (un “caballito”) con rompope.

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Muchas veces pasamos la fiesta de Año Nuevo reunidos con los vecinos en la casa de Tequesquitengo (si, ya he comentado que fuí fifí y teníamos casa a la orilla del lago). Coincidentemente, eran vecinos que prácticamente TAMPOCO bebían alcohol. Algún año nos reímos mucho porque… ¡nos acabamos una botella! (si, la misma botella -quizá de ron- que habíamos usado los últimos 3 o 4 años). Mientras que en otras familias o grupos de amigos se consumían varias botellas en una noche, entre nosotros nos acabamos una botella… en 3 o 4 fiestas de año nuevo.

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Por eso mismo, tampoco tuve cultura del alcohol. En mi familia, sólo se conocían 3 vinos: tinto, blanco y rosado. Ninguna distinción entre merlot, pinot, cabernet sauvignon o malbec, ni importancia alguna sobre el año de cosecha o la región del mundo donde se originó. Alguna vez unos amigos alemanes de mis papás (conocidos, probablemente, a través de los negocios de mi papá) les dieron a probar “vino blanco del Rhin” y se convirtió en su vino favorito (hoy sé que era un vino tipo “liebfraumilch demi-sec”). Así que cuando en casa, en alguna rara ocasión o fiesta especial, llegábamos a beber vino, se compraba de ese.

Liebfraumilch | La Boutique Du Vin

Imagen comercial actual (sacada de Internet) de un vino blanco del Rhin, tipo Liebfraumilch.

De la misma forma, tampoco tuve conocimientos sobre el whisky/whiskey (que si es single-malt o blended, o si es escocés, canadiense o USAmericano como el bourbon)., ni de ningun otro licor.

Recuerdo bien (o eso creo) que cuando mi papá tenía que ir a fiestas/reuniones de negocios, donde se servía alcohol, se acercaba con el cantinero/barman y le pedía que en un vaso de highball le sirviera agua mineral con un chorrito de coca-cola, para darle un color ambarino. Así, no se veía fuera de lugar (porque traía su vaso con bebida, como todos los demás)… pero sin alcohol. Sí: tenía que dar la apariencia de estar bebiendo para no verse mal en esas fiestas…

También recuerdo que algunos amigos del bachillerato (tendríamos entre 16 y 17 años) adelantaron un año su servicio militar, para obtener la cartilla militar (que en aquellos tiempos antes del IFE -ahora INE- era el comprobante de “mayoría de edad”) para poder comprar alcohol… pero también para poder entrar a las discos (si, eran principios de los años 80 del siglo pasado) y a demás lugares donde se vendía alcohol. Preferían tener que ir a hacer el servicio militar todos los domingos… a cambio de poder entrar a los antros. (Nota: Cuando adelantabas el servicio militar, NO participabas en el sorteo y tenías que “marchar” obligatoriamente)

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Algo así eran las fiestas/discos de mis tiempos, a donde mis compañeros del bachillerato disfrutaban ir a bailar y beber. Algunos prefirieron hacer el servicio militar (obligados a “marchar” con tal de poder entrar a estos lugares a los 16 o 17 años.

Por todo esto, nunca he entendido la necesidad de muchas personas de consumir alcohol, y me sigue sorprendiendo que muchas reuniones se desarrollan alrededor del mismo. Prácticamente no hay reuniones sociales donde no se consuma alcohol, muchas veces en exceso. Bodas, primeras comuniones, bautizos, reuniones de amigos, y hasta funerales. Vaya, en algunos casos, hasta en fiestas infantiles, mientras los niños juegan, los adultos están bebiendo…

“Y entonces, Fer, ¿tu nunca te emborrachaste?” se estarán preguntando. Pues va a ser que sí: resulta que sabiendo que TANTAS personas acostumbraban ponerse hasta las manitas cada fin de semana, y que se esforzaban tanto por beber alcohol en cualquier situación, tuve la curiosidad de saber “qué se siente”. Así que me organicé con 2 buenos amigos para hacerlo en una situación sin riesgo, controlada, y con gente de mi total confianza. Me dijeron que lo más sano era hacerlo con un licor fuerte (nada dulce, ni vinos, ni cerveza). Nos fuimos al Centro Vacacionasl Malintzi del IMSS, donde -en lugar de rentar una cabaña- decidimos acampar. Y ahí, empezando la noche platicando, con la fogata y demás, empezamos a beber… ¡tequila!

Vista del Centro Vacacional Malintzi del IMSS, sitio donde me puse mi primer y única borrachera.

Total que después de algunas copas, ya algo mareado, aquí su servidor, super abrigado con un anorak bastante grueso, se puso a dar maromas en una pendiente de pasto similar a la que aparece en la foto. Con el grueso anorak, parecía panda dando marometas. Nos reímos mucho, platicamos un buen rato… hasta que llegó la hora de “devolver la botana”. Después de dejar medio estómago sobre el césped… nos fuimos a dormir en las tiendas de campaña.

Y esa fué mi primer… y única borrachera. Mi curiosidad quedó satisfecha, y quedé convencido de no volverlo a intentar. A mis 20 y tantos años me seguí cuestionando por qué tanta gente disfrutaba eso… y a mis 62, sigo en lo mismo.

Por supuesto que no juzgo ni critico, y cada persona adulta es responsable y libre de meterse a su cuerpo lo que desee… pero en verdad, sigo sin entender la “cultura del alcohol” y el gusto de empedarse cada fin de semana o cada fiesta.

¡Cada quién!

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