Vivir con TDAH (Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad) tiene un costo adicional que no siempre se menciona. Le decimos cariñosamente el “impuesto TDAH”. Es un “extra” que necesitamos pagarle a la vida por el sólo hecho de vivir con dicho trastorno. No hablo del costo de los medicamentos (que pueden ser caros) o de las visitas a psicolog@s, psiquiatras y/o neurólog@s.
Hablo de esos pequeños (y algunos enormes) gastos adicionales: De ese paraguas que tuviste que comprar de nuevo porque ya perdiste el tuyo. De esa gasolina extra que gastaste porque tienes que regresar cuando ya casi llegas al destino… y te das cuenta que se te olvidó algo importante. También esos recargos por pago tardío de tus tarjetas de crédito o débito porque se te olvidó pagarlas antes de la fecha de vencimiento. Agrégale el costo de esa comida que dejaste hace semanas en el refri… y ya se echó a perder. Súmale también ese plato, vaso o jarra que se te cayó por distracción, y se rompió. O esa computadora portátil donde derramaste tu cocacola y se echó a perder y tuviste que comprar una nueva…
Además, podemos agregar las compras impulsivas: ¡En verdad necesito ESA maqueta del Halcón Milenario de $32,000.- pesos!
Si todo esto fuera poco, aún nos faltan las “aficiones” o “hobbies” que empezamos… y abandonamos unas semanas después: Sales en una hermosa noche despejada. Se ven las estrellas y planetas. Te das cuenta que Júpiter se ve hermoso. ¡Necesitas un telescopio para verlo mejor! Esa misma semana pides tu nuevo telescopio en Amazon. ¡Qué maravilla! Ves Júpiter, Saturno, la Luna, Venus… Es tan hermoso que quieres fotografiarlo. Te compras una cámara para el telescopio (o un adaptador para usar tu cámara). Tratas de tomar fotos, salen borrosas: decides que necesitas una montura ecuatorial automatizada. La compras. Aprendes a usar todo tu equipo. Sacas 2 o 3 fotos y las compartes en redes sociales. Tienes tus 15 minutos de fama. Las siguientes noches son nubladas, y guardas tus juguetes nuevos… para nunca más volverlos a usar.
Y así, entre gastitos y gastotes, entre comisiones, cargos, gastos impulsivos y demás se te va yendo el dinero: dinero que no habrías gastado si no vivieras con este trastorno.
Aquí sólo estoy hablando (¿o escribiendo?) del costo económico del TDAH. ¿Y el costo emocional? ¡Ese será tema de un próximo artículo!
Fer.



